La llegada de septiembre marca un cambio en el ritmo turístico de la ciudad californiana. Las playas comienzan a vaciarse, los hoteles tienen mayor disponibilidad y los residentes recuperan espacios que durante el verano estuvieron dominados por visitantes.
San Diego, California.- Cuando el verano comienza a ceder en San Diego, la ciudad cambia de ritmo.
Las filas disminuyen, las playas recuperan parte de su espacio y algunos de los lugares más concurridos por visitantes vuelven a sentirse como territorio de los residentes. Es el periodo que en la ciudad se ha popularizado como “locals’ summer”, una especie de segunda temporada de verano que comienza cuando la principal oleada turística empieza a retirarse.
De acuerdo con datos citados por Axios San Diego a partir de información de la autoridad turística local, el turismo puede disminuir al menos 20% entre julio y noviembre. La reducción permite que restaurantes, playas, parques y otras atracciones enfrenten una presión menor después de los meses de mayor actividad.
La particularidad de esta temporada es que no necesariamente coincide con un deterioro de las condiciones para viajar. Por el contrario, septiembre puede ofrecer temperaturas agradables, agua más cálida y menos aglomeraciones.
El resultado es una paradoja para una ciudad acostumbrada a vivir del turismo: cuando disminuyen los visitantes, mejora la experiencia cotidiana para quienes viven ahí.
Axios ha identificado más de 30 actividades que cobran especial atractivo durante este periodo, desde playas y piscinas hasta recorridos gastronómicos, senderismo, avistamiento de ballenas, tide pools y actividades culturales.
El fenómeno también tiene una lectura económica. La temporada baja obliga a los destinos turísticos a encontrar maneras de mantener el movimiento de visitantes durante los meses en que tradicionalmente disminuye la demanda.
San Diego no es el único destino que enfrenta ese reto. En distintas partes de California y México, las autoridades turísticas buscan extender las temporadas de viaje y evitar que la actividad dependa únicamente de los meses de mayor demanda.
Para Baja California Sur, el caso resulta especialmente interesante.
Los Cabos ha construido buena parte de su modelo turístico alrededor del visitante internacional y, particularmente, del mercado estadounidense. Cuando el flujo disminuye, el efecto alcanza hoteles, restaurantes, transporte, actividades recreativas y otros negocios vinculados al turismo.
La experiencia de San Diego plantea una pregunta para Los Cabos: ¿puede la temporada baja convertirse también en una oportunidad?
La respuesta podría estar en cambiar la manera de vender el destino. En lugar de presentar los meses de menor demanda como una época de menor actividad, podrían promoverse como un momento para encontrar mejores condiciones, menor saturación y experiencias que resultan más difíciles durante los periodos de mayor ocupación.
El reto no sería solamente atraer más turistas, sino distribuir mejor los viajes a lo largo del año.
En San Diego, septiembre demuestra que una reducción en el número de visitantes no necesariamente significa que desaparezca el atractivo del destino. En ocasiones, significa exactamente lo contrario: que hay más espacio para disfrutarlo.

