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El extraño calamar que apareció a más de 3 mil metros bajo el Pacífico frente a California

Científicos del Monterey Bay Aquarium Research Institute y colaboradores de NOAA captaron por primera vez un ejemplar vivo de calamar de aleta grande en el Pacífico nororiental, una criatura tan rara que solo se han observado o recolectado alrededor de 70 ejemplares en todo el mundo.

California.- A más de 3 mil metros bajo la superficie del Pacífico, donde la luz solar desaparece y la presión es cientos de veces mayor que en la superficie, una criatura de aspecto casi extraterrestre apareció inesperadamente frente a las cámaras de un vehículo submarino. Los científicos que se encontraban a bordo del buque de investigación David Packard no estaban buscando al animal. Su expedición tenía otro objetivo, pero durante una inmersión cerca del Davidson Seamount apareció una silueta con enormes aletas y largos tentáculos que durante unos instantes se desplazó frente al vehículo.

Era un calamar de aleta grande, perteneciente al género Magnapinna, uno de los animales más difíciles de observar de las profundidades oceánicas. El Monterey Bay Aquarium Research Institute informó que el encuentro, ocurrido el 7 de agosto a aproximadamente 3,277 metros de profundidad, representa la primera observación confirmada de un ejemplar vivo de este tipo en el Pacífico nororiental. Antes de este hallazgo, solo alrededor de 70 individuos habían sido observados o recolectados en todo el mundo.

La apariencia del animal explica buena parte de la fascinación que provoca. El calamar posee dos grandes aletas que utiliza para desplazarse y deja suspendidos detrás de su cuerpo ocho brazos y dos tentáculos extraordinariamente largos. Durante el encuentro, el animal permaneció flotando sobre el fondo marino mientras sus apéndices se extendían y doblaban en ángulos que hicieron que los investigadores describieran su postura como una especie de “codo”. Un sistema láser instalado en el vehículo permitió estimar que el ejemplar observado medía aproximadamente 1.25 metros desde la parte superior de su cuerpo hasta el extremo de sus brazos.

Lo más extraordinario es que el animal apareció por casualidad. La expedición de MBARI y NOAA estaba dedicada a estudiar montañas submarinas, conocidas como seamounts, y los ecosistemas que las rodean. Los investigadores buscaban comunidades de corales y esponjas de aguas profundas, pulpos y señales de ballenas que se alimentan en la zona. El calamar no formaba parte de los animales que esperaban encontrar, lo que convirtió el encuentro en un recordatorio de cuánto permanece oculto incluso en zonas del océano que llevan años siendo exploradas científicamente.

El Davidson Seamount, donde ocurrió el avistamiento, forma parte del Monterey Bay National Marine Sanctuary y se encuentra frente a la costa central de California. Las montañas submarinas funcionan como puntos de concentración de vida marina y ofrecen condiciones particulares para una enorme diversidad de especies. Sin embargo, las profundidades que rodean estas estructuras continúan siendo difíciles de explorar, y cada inmersión con vehículos operados de manera remota puede revelar organismos que rara vez, o nunca, han sido vistos vivos.

El Magnapinna es un ejemplo extremo de ese desconocimiento. Los científicos todavía saben muy poco sobre su reproducción, alimentación y comportamiento. La mayor parte de la información disponible procede de encuentros extremadamente breves realizados mediante vehículos submarinos o de ejemplares recuperados de grandes profundidades. Un estudio publicado recientemente en la revista Marine Biology incluso ha tenido que reunir registros dispersos de avistamientos para intentar reconstruir la distribución mundial y el rango de profundidad del género.

El hallazgo frente a California también tiene una importancia especial para la investigación del Pacífico. No se trata simplemente de haber encontrado un animal extraño; se trata de haberlo observado vivo, desplazándose en su ambiente natural y dentro de una región donde nunca había sido documentado de esa manera. Para los científicos, cada minuto de video puede proporcionar información sobre cómo utiliza sus aletas, cómo mantiene sus tentáculos y cómo interactúa con un entorno que para los seres humanos sigue siendo prácticamente inaccesible.

A casi dos millas bajo el océano, la aparición del calamar duró apenas unos instantes, pero dejó una conclusión mucho más duradera: incluso frente a una de las costas mejor estudiadas de Estados Unidos, el océano todavía guarda animales que prácticamente nadie ha visto. Y cada nueva expedición puede convertir una búsqueda científica rutinaria en el descubrimiento de una criatura que parece salida de otro planeta.

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