Hay libros que tardan semanas en leerse y otros que parecen necesitar media vida para volver a su estante. Scott Harmon encontró uno de estos últimos al ordenar las pertenencias familiares: un ejemplar de Journey to Ixtlan, del escritor Carlos Castaneda, que había pedido prestado en la biblioteca de La Palma, California, en 1973.
Harmon había olvidado devolverlo. El libro pasó años guardado entre cajas y sobrevivió a varias mudanzas hasta que volvió a aparecer durante una reorganización familiar. Al reconocer la etiqueta de la biblioteca, decidió saldar una deuda que llevaba más de medio siglo pendiente.
El regreso ocurrió cuando el hombre acudió a la biblioteca y entregó personalmente el ejemplar a una bibliotecaria. La anécdota tenía un detalle adicional: bajo las antiguas reglas de préstamo, la multa acumulada habría alcanzado una suma considerable, pero el sistema ya había abandonado los recargos por demora.
La historia, contada por el propio Harmon en Los Angeles Times, convirtió un descuido doméstico en una pequeña crónica sobre el paso del tiempo, las mudanzas y la persistencia de los objetos. También recordó que, en ocasiones, los libros sobreviven a sus lectores y reaparecen cuando menos se espera.

