La ciudad intenta atraer a un visitante dispuesto a ir más allá de Hollywood, recorrer sus barrios y descubrir una escena gastronómica y cultural que cambia constantemente. La apuesta ocurre mientras Los Ángeles atraviesa un año de fuerte exposición internacional.
Para millones de personas, Los Ángeles comienza con una imagen conocida: Hollywood, el Paseo de la Fama, el letrero blanco sobre las colinas, Santa Mónica y el océano Pacífico. Es una ciudad que durante décadas ha aprendido a vender sus símbolos más reconocibles y que ha construido buena parte de su industria turística alrededor de ellos.
Pero esos lugares cuentan solamente una parte de la historia.
Los Ángeles es una ciudad demasiado extensa y diversa para reducirla a unas cuantas atracciones. Sus barrios tienen identidades distintas, sus restaurantes funcionan como puntos de encuentro de comunidades enteras y buena parte de su actividad cultural ocurre lejos de los lugares que aparecen en las primeras páginas de las guías de viaje.
Esa realidad está comenzando a influir en la manera en que la ciudad se presenta ante sus visitantes. El interés está pasando, en parte, de la pregunta tradicional de qué atracción hay que visitar a una pregunta diferente: ¿qué parte de Los Ángeles vale la pena conocer?
Una ciudad que se descubre por sus barrios
El cambio puede observarse en zonas como Koreatown, Silver Lake, Little Tokyo, East Hollywood o el South Bay. Para un visitante, cada una puede representar una experiencia diferente, no solamente por su arquitectura o su vida nocturna, sino por la comida, los comercios y las comunidades que les han dado forma.
Recientemente, medios especializados han puesto mayor atención en barrios que durante mucho tiempo estuvieron fuera de los itinerarios clásicos. Un ejemplo es el interés creciente por Gardena y Torrance, en el South Bay, donde la presencia histórica de comunidades japonesas ha contribuido a crear una escena gastronómica que ahora atrae también a viajeros.
En ese sentido, la gastronomía se está convirtiendo en una de las mejores maneras de conocer una ciudad que puede resultar difícil de entender desde un automóvil o desde una lista de atracciones.
Una ciudad que se puede comer
Esta semana, Dine LA está llevando esa diversidad a restaurantes de distintos puntos del condado. La edición de verano de 2026 se desarrolla del 14 al 28 de agosto y reúne a más de 400 establecimientos con menús especiales, distribuidos por numerosos vecindarios de Los Ángeles.
La importancia del programa no está solamente en los precios o en la cantidad de restaurantes participantes. También muestra la amplitud de una ciudad cuya identidad gastronómica difícilmente puede explicarse desde una sola cocina.
Para el turista, elegir un restaurante puede convertirse en una manera de elegir un barrio. Una comida en Chinatown, una cena en Koreatown o una visita a un restaurante del South Bay significan desplazarse por distintas partes de la ciudad y, con ello, abandonar por unas horas el circuito turístico más conocido.
Es una forma de viajar que requiere más curiosidad que planificación.
El nuevo visitante no necesariamente busca lo desconocido
Esto no significa que Hollywood haya perdido importancia. El Paseo de la Fama, los estudios cinematográficos, Santa Mónica y las playas continúan siendo parte fundamental de la experiencia de quienes visitan Los Ángeles por primera vez.
La diferencia es que esos lugares ya no necesariamente constituyen toda la visita.
El viajero contemporáneo tiene acceso a una cantidad de información que antes no existía. Puede descubrir un restaurante pequeño en un barrio que nunca había escuchado mencionar, encontrar una exposición temporal o seguir las recomendaciones de residentes antes incluso de llegar a la ciudad.
Las redes sociales han acelerado ese proceso, pero también han creado un nuevo problema para los destinos: cuando todo puede convertirse en una atracción, las fronteras entre lo turístico y lo cotidiano comienzan a desaparecer.
El turismo necesita llegar más lejos
Para Los Ángeles, esa transformación tiene una dimensión económica.
Un visitante que permanece únicamente en Hollywood concentra buena parte de su gasto en un número limitado de negocios. Uno que recorre distintos barrios distribuye su consumo entre restaurantes, tiendas, hoteles, espacios culturales y otros establecimientos.
En una ciudad tan grande, esa distribución puede ser especialmente importante.
Los Ángeles llega además a 2026 después de un año récord. La ciudad recibió 49.5 millones de visitantes durante 2025, según cifras reportadas por autoridades turísticas, generando miles de millones de dólares en actividad económica.
La atención internacional sobre la ciudad continúa este año, lo que ofrece una oportunidad para convertir visitantes ocasionales en viajeros que permanezcan más tiempo y regresen.
La estrategia, por tanto, no consiste únicamente en atraer más personas. También consiste en conseguir que descubran una mayor parte de Los Ángeles.
Una ciudad que no cabe en una postal
Quizá el principal atractivo de Los Ángeles sea precisamente la dificultad para resumirla.
La ciudad puede ser Hollywood por la mañana, Koreatown durante la comida, un restaurante mexicano por la tarde y Santa Mónica al atardecer. Cada desplazamiento revela una parte diferente de una metrópoli construida por comunidades que llegaron desde distintos lugares del mundo.
Para el visitante que llega por primera vez, las atracciones tradicionales seguirán siendo importantes. Pero para quien ya conoce la ciudad, o para quien quiere entenderla en lugar de simplemente fotografiarla, la experiencia comienza cuando se aleja de los lugares que todo el mundo conoce.
Los Ángeles no está dejando de ser un destino turístico.
Está intentando convertirse en algo más interesante: una ciudad que el visitante pueda recorrer sin sentir que todo lo que ve fue construido para él.

